Martes 27.06.2017
Actualizado hace 10min.

Es necesario un banco de desarrollo

Para la cámara metalúrgica, los niveles de actividad hoy son similares a los de 2011. A las dificultades de la integración productiva con Brasil se suma la amenaza de un acuerdo de libre comercio con la UE. Los desafíos ante el nuevo gobierno.

 
Fernando Grasso propone un banco de desarrollo.
COMPARTÍ ESTA NOTA

La industria metalmecánica es un importante eslabón dentro del sistema productivo, dada su articulación con otros sectores económicos, científicos y tecnológicos, proveyendo no sólo bienes finales sino también insumos claves para buena parte de la actividad productiva nacional. Miradas al Sur entrevistó a Fernando Grasso, que analiza este sector empresario sobre el presente y el futuro inmediato.

–¿Qué evaluación hace el sector metalúrgico de estos últimos doce años?

–La industria metalúrgica ha tenido un proceso de reconstrucción muy fuerte, si tenemos en cuenta que fue uno de los sectores más castigados durante todo el proceso de de­sarticulación productiva ocurrido entre mediados de los ’70 y 2001. En 1974, había 550 mil trabajadores metalúrgicos entre 25 millones de habitantes, para 2001 terminaron siendo 90 mil entre 36 millones. Cerraron más de 20 mil empresas. Desaparecieron sectores enteros. A partir de 2002 esto comenzó a revertirse. Fue uno de los sectores que más creció hasta 2011. Estuvo entre los tres más dinámicos, duplicando su capacidad productiva. Se produjo también la reapertura de alguno de esos sectores que había cerrado, como el de bienes de capital, el sector naval, algunas ramas de la electrónica que se presentan como alternativas al régimen de Tierra del Fuego. Hoy tenemos alrededor de 300 mil trabajadores metalúrgicos.

–¿Qué pasa a partir de 2011?

–Esta dinámica de crecimiento con creación de empleo y mejora de la productividad se estanca. No hay una caída relevante, de hecho hoy los niveles de actividad son similares a los de 2011, pero son ya casi cuatro años en los que el sector no crece y hay una tendencia muy leve de achicamiento del empleo. Hasta 2008 el sector no sólo creció por el mercado interno, que representa alrededor del 80% de las ventas, sino además por las exportaciones, que venían aumentando a una tasa del 18/20% anual, alcanzando ese año el récord de US$ 7500 millones. Hoy no llegan a 5000 millones. La crisis internacional pega muy fuerte para los sectores que tienen una salida exportadora importante como los vinculados a las autopartes, bienes de capital que exportan a la región, y en nada ayuda la situación en Brasil.

–Pero antes hubo un cimbronazo, en 2008...

–Te diría que a partir de 2009 se comienza a percibir una mayor heterogeneidad, es decir que no sólo el sector en su conjunto comienza a tener un dinamismo menos virtuoso, sino que hacia adentro se ve una heterogeneidad creciente. Pero esto no sólo se da a nivel de rubros, sino que dentro de una misma actividad hay empresas a las que que les va bien y otras a las que no. Esto saca a relucir la cuestión de la competitividad. La competitividad uno no la puede ver sólo por sectores, sino por unidades productivas.

–¿Cómo consideran que se comportó el sector respecto a la demanda de sustituir importaciones?

–Si uno proyecta lo que fue la relación de importación/expansión del mercado interno en los años ’90, hoy tendríamos un nivel de importación un 35% más alto en el sector, por lo que en principio podemos afirmar que hubo un proceso de sustitución importante. Si lo vemos por rubro, tenemos que la industria autopartista es quizás una donde menos hay para mostrar, ya que el proceso de desintegración fue importante y no se logró revertir. Los autos que se fabrican en el país cada vez tienen menos componentes locales y recién ahora se está empezando a entender cómo encarar el tema. Una de esas cuestiones tiene que ver con que la Argentina debe apostar por lo que son series más cortas de producción, que no van por escala o consumo masivo, sino por mayor valor unitario del producto, y que a su vez esas plataformas de producción sean exclusivas a nivel regional, que no haya esta cosa de generar competencia al interior de la región.

–¿Por qué cuesta avanzar en la integración productiva regional, en particular con Brasil?

–Algunas falencias tienen que ver con la propia dinámica que adopta Brasil, que como líder regional nunca apostó a este tipo de integración. Nosotros participamos activamente con Petrobras, que tenía un plan de inversión tan grande que no daba abasto con la propia industria local, entonces desde el gobierno brasileño nos plantearon trabajar en conjunto para proveer desde Argentina. Todo muy bien, pero a la hora de concretar los proyectos no se cerraban, y te iban corriendo el arco permanentemente, llegando incluso a plantear la necesidad de radicar las empresas allá, cuando la idea es integración y no deslocalización productiva. Muy pocos proyectos pudieron avanzar favorablemente. Las experiencias no fueron positivas y generalmente por implicancias de las líneas burocráticas intermedias, que tienen capacidad para frenarte proyectos, cuando la política presidencial ha sido la de favorecer acuerdos con Argentina. Emprendimientos de industrias más chicas tampoco avanzaron porque prima el espíritu de competencia más que el de integración. La verdad es que la experiencia no fue buena, y el ejemplo más claro es la industria automotriz. Esto no quiere decir que no tengamos que seguir trabajando por construir esa sociedad estratégica que debe extenderse a Su­damérica.

–¿Libre comercio con la UE?

–No sólo sectores como Adimra se muestran críticos, cuando uno habla con la Copal, la entidad que reúne a la industria alimentaria, vemos que tampoco están a favor del acuerdo, y esto tiene que ver con que las bases sobre las que se estuvo negociando no tienen ninguna ventaja para el desarrollo de nuestro país. Es un acuerdo típico de bajar aranceles, donde el espacio para expandir las exportaciones es muy bajo. La verdad es que no vemos qué podría ganar la Argentina en una negociación de este tipo. Y en Brasil hay sectores que tienen una mirada similar a la nuestra, como Abimaq, cámara que reúne a los fabricantes de bienes de capital.

–En diciembre asumirá un nuevo gobierno, ¿qué se espera del sector para esta nueva etapa?

–Los desafíos que plantea la competitividad industrial no pueden reducirse a una discusión por el tipo de cambio. Hay múltiples espacios para profundizar las mejoras en infraestructura logística, en materia energética, en telecomunicaciones, entre otros ámbitos que abordó el plan de obras públicas en estos años. Por otro lado, la Argentina ha realizado esfuerzos significativos en la reconstrucción de los organismos de ciencia y técnica, fomentando su vinculación con el sector productivo. También se ha buscado facilitar el acceso al crédito para inversión en condiciones competitivas de plazo y tasa de interés. Todo esto debe ser sostenido y potenciado, en el marco de una estrategia de de­sarrollo industrial que debemos abordar sector por sector. En este camino, se hace necesario impulsar un Banco de Desarrollo que permita acompañar los procesos de inversión que requiere la transformación estructural de nuestra economía. Proyectos que deben evaluarse a partir de su potencial y no de la capacidad de garantías actuales, cuyo valor reside en sus resultados e impactos en el tiempo, y el mayor riesgo para el país es que no se lleven a cabo. Debemos redefinir un nuevo marco para la inversión en el país, que articule las necesidades sectoriales con los incentivos y las formas de intervención pública. En este marco, uno de los ejes debe colocarse en la modificación de la Ley de Compre Nacional, vinculada al poder de compra del Estado y su capacidad de orientar la demanda hacia sectores específicos. Finalmente, creo que el abordaje de la competitividad debe plantearnos una apuesta profunda a la internacionalización de nuestras empresas, cuyas capacidades de exportación deben ser expandidas de la mano de un mercado interno dinámico y fortalecido. Tenemos que avanzar en los instrumentos de apoyo a la exportación, ya sea mediante un esquema más adecuado de derechos y reembolsos, como en el acompañamiento financiero y técnico de los distintos organismos del Estado.

 

Entrevista al Licenciado Fernando Grasso; Política, Producción y Trabajo, canal Metro.

Fuente: Miradas al Sur.por Leandro Etchichury ‏