Martes 17.10.2017
Actualizado hace 10min.

Breve repaso sobre el empleo y el desempleo, a la luz de las medidas del nuevo gobierno nacional

“En verdad, bajo un régimen de pleno empleo permanente, “el despido” dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria. La posición social del jefe se minaría, y la seguridad en sí misma y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentaría. Las huelgas por aumentos de salarios y mejores condiciones de trabajo crearían tensión política. Es cierto que las ganancias serían mayores bajo un régimen de pleno empleo que su promedio bajo el laissez-faire, e incluso el aumento de salarios resultante del mayor poder de negociación de los trabajadores tenderá menos a reducir las ganancias que a aumentar los precios, de modo que sólo perjudicará los intereses de los rentistas. Pero los dirigentes empresariales aprecian más la “disciplina en las fábricas” y la “estabilidad política” que los beneficios. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco conveniente desde su punto de vista y que el desempleo forma parte integral del sistema capitalista ‘normal’”. En Aspectos Políticos del Pleno Empleo, (1943), de Michal Kalecki "Me parece que cada sindicato sabrá dónde le aprieta el zapato y hasta qué punto puede arriesgar salario a cambio de empleo". A. Prat-Gay, Ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, 4/1/2016.

COMPARTÍ ESTA NOTA

 

La explicación

En cada hoja de ruta que presenta el gobierno macrista hay una exacerbación de la técnica sobre la política. Esto es un eufemismo que llama a copiar modelos sin adaptación a intereses del conjunto de la sociedad. Los intereses en pugna se resuelven con discusión y acción política. Copiar modelos sin atender necesidades sociales organizadas o sin organizar, es una referencia a atender los intereses de quienes escribieron el recetario base. Se puede decir como parezca mejor, pero es claro que poner un Estado a regular las necesidades de PyMEs y trabajadores, no es lo mismo que la desregulación que favorece a los eslabones más grandes de cada cadena.

Así, ese proyecto político, de crecimiento con inclusión, que vivimos entre 2003 y 2015, con sus grandes aciertos y errores, se diferencia del otro programa, porque siempre hay programa (por malo que sea), que podría delimitarse por su búsqueda de altas ganancias para empresas transnacionales, buena rentabilidad para exportadores, con valorización financiera, endeudamiento, fuga y disciplinamiento social. Más allá de los nombres que se les dé a ambos proyectos, lo importante es que un Estado interventor se diferencia del “mercado autorregulado” (o un Estado jugando para los agentes más fuertes del mercado), ya que el primero detiene y canaliza las fuerzas despiadadas del capital cuando están desnudas para evitar así la expulsión de los factores que resultan una carga sin beneficios para sus negocios, y para incluir a todos e identificarlos como sujetos que tienen derecho a ingresos dignos. Cabe destacar que ambos proyectos están en tensión permanente a través de distintas pulsiones, y su descripción es sólo analítica, en la realidad argentina hay muchos grises, que apuntan más en una dirección que en otra pero sin alcanzar extremos. Es central en este momento de historia de la Argentina, poner en evidencia que un Estado en función de un mercado interno vigoroso, que fomenta el empleo y el consumo, a través de políticas y gastos sociales y económicos, también tiene un resultado productivo de equilibrio muy superior al de un Estado que institucionaliza la libertad económica de acuerdo a los intereses de los agentes más fuertes del mercado.

En este orden de cosas, el ajuste público, como el que propone el macrismo, resultará en una menor actividad comercial e industrial al principio, y de servicios después, compensado muy poco por un mayor dinamismo de las exportaciones (sobre todo de productos de bajo valor agregado) en términos de cantidades, ya que el mundo está en retroceso o en el mejor de los casos, según el socio comercial en cuestión, amesetado. La inversión extranjera que podría llegar gracias a estas medidas, no compensa de ningún modo el empleo perdido. ¿Por qué? La Argentina lamentablemente aún precisa de mucho empleo precario –para decirlo con crudeza y que se entienda- para que todos puedan ser incluidos, modificar esto lleva mucho tiempo. Las medidas de apertura que exigen las inversiones extranjeras, a través de distintos canales de lobby, destruyen ese empleo, que surge de un derrame virtuoso cuando toda la economía crece y baja el desempleo.

Desde 2003, en efecto, se recompuso el tejido productivo, primero basado en el fortalecimiento de las exportaciones, y segundo en el mercado interno. Bajó el desempleo, mejoró la igualdad social, subieron todos los salarios reales, se universalizó la cobertura de jubilaciones, se implementó la asignación universal por hijo, abrieron un 50% más de empresas de las que había en 2003, se estatizó el sistema previsional, YPF y se modificó la Carta Orgánica del BCRA para integrarlo al sistema productivo. Etcétera. Todo lo cual mejoró el mercado interno.[i]

En 2003 había 410.000 empresas (que registraban algún empleo) y en 2014 ese número subió a 600.000. Sin dudas, desde 2011 (con el inicio de la restricción externa, variable que a su vez explica el contexto) la economía no tuvo un crecimiento acorde con las expectativas de los empresarios y productores, pero en ese período no se lastimó ni el nivel de empleo ni el poder adquisitivo del salario.

Entre 2006 y septiembre de 2015 la inflación privada más alta suma 700%. Los salarios registrados, por su parte, indican un aumento promedio de 950% (con un desempleo que bajó entre puntas). Esto da una pauta de la mejora distributiva, que, sumada a un mayor gasto público, a un aumento de la cantidad de jubilados y de beneficiarios de la AUH, consolidó un fuerte mercado interno, que permitió generar a su vez más trabajo, en una suerte de círculo virtuoso.

Como puede verse en el gráfico 1 (empleo registrado, total e industrial), el trabajo registrado no se redujo nunca, es cierto que bajó su creación desde 2011, pero también lo es que en un mundo convulsionado se logró mantener. Eso no es poco para esta evaluación.

La historia argentina es clara al respecto, al inicio de la convertibilidad, que resultó en un modelo de valorización financiera con exceso de deuda pública externa, el desempleo era mucho menor que al final, incluso en el mejor momento, el año 1998, el desempleo fue de más de 12,5%, lo cual representa un número altísimo con su derrame en una alta pobreza, indigencia, bajos salarios, bajas jubilaciones, etc.

En el siguiente gráfico (gráfico 2: historia reciente del desempleo en la Argentina) mostramos la evolución del desempleo. Lo cual indica que el peor período llegó con el menemismo: valorización financiera, privatizaciones, Estado mínimo, destrucción del tejido productivo, ahogo de la cuenta corriente del balance de pagos, flexibilización laboral, liberalización financiera, endeudamiento, tasas preferenciales para la especulación y la fuga, fueron condimentos innegables del aumento del desempleo, el cierre de PyMes por todo el país, concentración del ingreso en los sectores transnacionales del capital y un malestar social creciente.

El cambio político que generó la administración Macri

Los sectores concentrados de la economía, grandes empresas locales y multinacionales, exigen hace años una reducción de los costos en dólares. Grandes productores rurales y el sector financiero (sobre todo el privado extranjero) buscan hace años una mejora en su rentabilidad. Estas demandas apuntan a una devaluación, a una quita de impuestos y a una liberalización cambiaria. De esa forma se consigue bajar salarios en dólares, aumentar ganancias, y la libertad para remitir divisas al exterior. El nuevo gobierno de Macri, parece tomar estas demandas empresarias y llevarlas a la práctica.

Con el tiempo se supone que estas medidas tenderán a una fuerte concentración del ingreso (en relación a la contradicción entre trabajo y capital), especialmente si se tiene en cuenta el contraste con la etapa anterior. En efecto, hasta octubre de 2015 hubo un doble efecto: el empresariado esperando el cambio de gobierno, y el Estado andando a toda máquina, la suma de ambos fenómenos resultó en una equidad distributiva sin igual desde 1974.

La primera jugada de la nueva administración se relaciona con una devaluación y una baja de varios impuestos, acompañadas con un aumento de la tasa de interés. Todo esto no puede más que enfriar primero y concentrar después la economía, golpeando en primer lugar en los trabajadores de comercios informales vinculados al mercado interno (y por tanto más fácil de expulsar del trabajo), y en segundo lugar a empresas vinculadas con el consumo masivo y a todos los trabajadores con ingresos en pesos y sin capacidad de ahorro que verán reducido su acceso a cantidades de consumo. En tercer lugar es posible que también se vean afectados los sectores con derechos cuyos ingresos dependen del Estado. Este combo de menor demanda agregada va a afectar a las empresas más pequeñas y al empleo.

Un reciente informe de la CTA da cuenta en febrero de 2016 de 30.000 nuevos desempleados del sector público nacional y subnacional en todo el país, y de 30.000 nuevos expulsados en el sector privado (Siderca, Cresta Azul, Metalsa, Cerámica San Lorenzo, Grupo Octubre, Tecpetrol, Monsanto, Techint, Telefónica, Empresas de Fruta, Metrovías, Empresas Constructoras, Scania, Sol Líneas Aéreas, Minera MCC, PSA Peugeot, entre otras muchas y sin contar los despidos hormiga de otras tantas). [ii]

El combo es procíclico: se construye un ajuste que va a llevar a más ajuste, con una alta concentración del ingreso. Con un PBI de alrededor de $5 billones, una recaudación que supera el 30% del PBI, y un déficit fiscal que la anterior gestión señaló en 2,8%, un desempleo de menos de 6%, una deuda externa total de aproximadamente 40% del PBI (que se reduce a 10% si se cuenta sólo la deuda en dólares con privados), el país es perfectamente manejable. Pero el gobierno de Macri, conducido en estos temas por Prat-Gay, Sturzenegger, Frigerio, Triaca y Melconian, tiene otra idea de a dónde llevar el país, y en ese camino propone una lógica de expulsión social que puede ser muy dolorosa.

Esto es sólo el principio, donde parece que se va a cambiar bajo desempleo por alto endeudamiento nuevamente. A fines del gobierno de CFK el desempleo se encontraba en 6%, y el endeudamiento público total en alrededor del 45% del PBI. Habrá que esperar los números para afinar las ideas y los detalles del ajuste, pero la historia nunca es muda, los hechos históricos no verifican que la lógica del modelo económico del macrismo con medidas de neto corte ortodoxo, y aplicadas en shock, puedan dar buenos resultados en términos sociales.

El discurso único aquí opera en un lugar central, porque permite dotar de legitimidad acrítica a un montón de cuestiones que no son fáciles de comprender ni mucho menos de vivir. Sin embargo, todas estas cosas señaladas en los párrafos de arriba jugarán un rol determinante en las negociaciones paritarias de este año, tanto por la conflictividad sindical que generará el macrismo con sus medidas como por la inevitable baja del salario real en el corto plazo, que es claramente uno de los principales objetivos de política económica de la actual administración.

Lo que se hizo hasta ahora no es poco, pero la sociedad no validará que "el mejor equipo en 50 años" tenga la mayor inflación en 14 años (en 2002 la inflación fue de 41%), y a punto de quedar a mitad de camino con la inflación de Menem en 1991 (84% de inflación), lo que sería la mayor inflación en 25 años. Acá el problema que tiene la administración de Macri es que la mirada ortodoxa sobre las variables no es comprensiva de un fenómeno como la inflación que además de ser una cuestión económica estructural, en relación al mercado interno, al gasto público y al sector externo, tiene que ver con el poder político de los actores en la disputa distributiva. 

 

A modo de cierre casual

Finalmente, lo que puede observarse es que una política de distribución equitativa del ingreso, en conjunto con medidas económicas a favor del crecimiento de la economía, basado sobre todo en el dinamismo interior (que se profundiza más cuanto mejor articulado con exportaciones esté, y con políticas sectoriales adecuadas) , se refleja en variables que son de interés social, tales como el menor desempleo, la menor pobreza e indigencia, la mejor distribución del ingreso en términos de equidad, las mejoras en ciencia y técnica, la menor deserción de la educación de los sectores más vulnerables, entre otras. A esto último le llamamos derrame virtuoso. Mientras que el ajuste del Estado, la apertura comercial indiscriminada, y el aumento de la deuda tóxica generan un derrame vicioso en términos de las variables de interés social mencionadas.

 

 

[i] Cabe destacar que el círculo virtuoso ha generado mejoras sociales para toda la economía. La brecha entre deciles de ingreso individual de todo el país se redujo de 33 veces hasta 18,6 veces entre el 10mo y el 1er decil, desde 2003 hasta 2015 (siendo 2015 el mejor momento de toda la serie, tras un mínimo empeoramiento en 2014), el salario real aumentó entre un 30% y un 45% (entre 2003 y 2015, según qué medición de "inflación privada" se use), el desempleo bajó de alrededor de 20% hasta 6,6%, la distribución del ingreso per cápita familiar (coeficiente de Gini) pasó de 0.524 en diciembre de 2003 a 0.419 en diciembre de 2014 (20% de mejora, en 2015 siguió mejorando), y según la base 2004, la participación del salario en el PBI (valor agregado bruto) pasó del 30,6% en 2004 a 50,9% en 2013. En 2002 había más de la mitad de la población en la pobreza, hoy datos privados dicen que está por debajo del 20% (bajó sin parar hasta enero de 2014 y hacia fines de ese año volvió a esa tendencia descendente).