Martes 17.10.2017
Actualizado hace 10min.

La obsesión del Gobierno

Preocupa más contener el aumento de precios que una rápida reactivación del consumo.

 
Al gobierno le preocupa más la inflación que la reactivación del consumo.
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Por Mariano Kestelboim

"La obsesión del gob", mi nota en BAE. Todos los cañones contra la inflación a cualquier costo (p los trabajadores) https://t.co/ALSKvZlc5F

— Mariano Kestelboim (@marianokestel) 6 de febrero de 2017

Ganar la batalla contra la inflación es la principal preocupación del gobierno en materia económica antes de las elecciones. También necesitan que la actividad se recupere, pero expresan que controlar la inflación es una condición necesaria para impulsarla. Con la ambiciosa meta de 12/17%, la tasa de aumento de precios mensuales no debería superar el 1,5%, sobre todo en los primeros meses del año para formar expectativas a favor del cumplimiento del objetivo y lograr que no se vulnere demasiado el techo del 18% que trata de fijar en paritarias.

El dato de enero fue negativo por las fuertes subas de los precios de combustibles, impuestos municipales, educación privada y televisión por cable. Los primeros informes de las consultoras más cercanas al Gobierno señalan que la inflación de ese mes habría sido de 1,7/1,8%. Al Gobierno le juega en contra también, en la formación de expectativas, haber errado por muy amplio margen su proyección de 2016 (su objetivo había sido de 20/25% y estuvo en torno del 40%), a pesar que, en el segundo semestre de 2016, el resultado fue próximo a sus previsiones.

En este marco es que debe entenderse el apuro oficial por tomar medidas concretas para frenar la inflación. Ahí se enmarca la repentina decisión de obligar a los comercios de exhibir el costo financiero en sus precios, al igual que la reducción de aranceles y trabas burocráticas para la importación, el techo a las paritarias y la regulación de los alquileres y de los aranceles de las tarjetas de crédito.

En el caso específico de la exposición de los costos financieros, corresponde observar que la medición de la inflación se realiza en base al precio de contado (efectivo o tarjeta en un solo pago). Desdoblar el valor contado del costo de financiamiento de las cuotas, como provoca que los comercios recuperen rentabilidad sin subir precios de contado o inclusive bajándolos para atraer clientes, el IPC reflejará menores aumentos.

Transparentar el costo financiero, además de generar esa subestimación de la inflación, también contribuirá a reducir realmente la inflación por provocar un mayor desincentivo al consumo. La financiación "sin interés" era una forma muy importante para impulsar la demanda.

En un contexto inflacionario y con fuerte deterioro de poder de compra en el último año, ese sistema de ventas era un mecanismo relevante de estímulo que el mercado interno perderá y, por lo tanto, los comerciantes deberán actuar por otros canales para promover sus ventas. Así, el Gobierno, en pos de dar señales concretas de control de la inflación, resignó este instrumento, poniendo de relieve que, al menos por ahora, le preocupa más contener el aumento de precios a que se active rápido el consumo.

Ese efecto, a su vez, sin un rápido remplazo en los sistemas de promoción que permitan impulsar ventas, agudizará la caída de la rentabilidad que en la actualidad afecta a los comercios y a la industria. La baja del consumo que implica la medida genera menores economías de escala en la comercialización y en la industria. Por eso, ese impacto también contribuye a empeorar el cuadro recesivo. Los comercios, para aliviar el deterioro de sus márgenes de ganancia que están afrontando buscarán sustituir mayor producción nacional por productos importados a menores precios, con mayor pérdida para la industria.

Lógicamente, esa diferencia de precios no se trasladará a los consumidores y permitirá que los comercios compensen, al menos en parte, la pérdida de rentabilidad por menores escalas de ventas, vinculadas a la caída de la demanda interna. Esa merma en el consumo se retroalimentará a medida que se profundice la destrucción de empleos en la industria y en todas sus actividades de servicios vinculadas.

La medida también implicará una distribución del ingreso más desigual, dado que, como las tasas de financiación son significativamente más elevadas que las de un plazo fijo, quienes cuenten con un mayor poder de compra podrán acceder a precios de contado menores que los financiados. No obstante, es importante destacar que el sistema de cobro en "cuotas sin interés" también tenía un sesgo de regresividad. Los comerciantes cargaban el costo financiero a todas sus ventas independientemente del medio de pago y, en consecuencia, esos cargos los pagaban todos. Y los de menor poder adquisitivo son los que menos posibilidades de acceder al financiamiento tienen.

O sea, pagaban un costo que les correspondía a los de mayor poder de compra. De todos modos, la gran diferencia que hoy se presenta entre pagar al contado y en cuotas respecto a lo que los bancos remuneran por un depósito a plazo fijo hace que la desigualdad se haya agrandado.

Por último, a nivel del presupuesto del consumidor, el cambio anunciado, ante la escasa cultura del ahorro en nuestro país, se producirá un reordenamiento de los gastos en detrimento del consumo de bienes durables.

Fuente: Diario BAE.