Martes 17.10.2017
Actualizado hace 10min.

Tarifazo: otro shock para las pymes

Desde la industria metalúrgica se advierte que las suspensiones y despidos, que ya vienen ocurriendo, se multiplicarán por el tarifazo.

 
Múltiples entidades pymes advierten que el tarifazo se trasladará a precios y provocará despidos
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Por Aldo Lo Russo*

Por estos días los pequeños y medianos empresarios estamos abocados a la triste tarea de mensurar el impacto que tendrá el nuevo aumento de la electricidad: para muchas pymes metalúrgicas el 500 por ciento de incremento aplicado el año pasado ya fue razón suficiente para “dejar de producir hasta que aclare”, como le escuché decir a un colega en los tiempos del primer tarifazo de la era Macri.

Pero en el contexto actual, con una recesión económica que llegó para quedarse y la apertura a la competencia importada, la suba anunciada recientemente –el ministro Aranguren dice que promediará un 54 por ciento para las pymes, aunque cálculos más realistas estiman que trepará casi al doble del valor de 2016– hará que muchas de nuestras industrias sean prácticamente inviables.

Sí, “inviables”, la misma palabra que utilizó en la década del 90 Domingo Cavallo para referirse a nuestras provincias más pobres y endeudadas. ¿Seremos extremadamente pesimistas? A juzgar por la enorme cantidad de similitudes entre lo que está ocurriendo ahora mismo con la industria nacional y lo que pasó la última vez que el neoliberalismo arrasó con nuestra estructura productiva, el diagnóstico no parece exagerado.

La ecuación es simple: para un sector importante de las industrias que hacen un uso intensivo de la electricidad, como por ejemplo la fundición, el aumento de tarifas pone en riesgo, como mínimo, muchos puestos de trabajo. Y el fantasma del cierre se asoma.

Para peor, el Gobierno nos escucha pero no nos hace caso, ni tiene en cuenta nuestras sugerencias. Convoca a reuniones, le planteamos el problema y después el ministro de Producción sale a decir que “si los precios no bajan vamos a abrir más las importaciones”.

Si hablamos de números, al subir las tarifas en algunos casos va a impactar entre un 5 y 6 por ciento en los costos directos y después están los costos indirectos, ya que las industrias que no están integradas verticalmente tienen servicios tercerizados y ahí el aumento puede llegar hasta el 20 por ciento. Esto va directo a los precios, ya que con una caída de ventas del 30 por ciento promedio no hay posibilidad de soportar la estructura. La mayoría de nuestras empresas están con rentabilidad cero o negativa. Claro, siempre hay sectores que están un poco mejor, por eso el índice de caída de la industria metalmecánica está entre el 4,8 y el 5,2 por ciento, ¡pero las ventas han caído nada menos que un 30 por ciento!

Si bien aún hay empresarios que no se animan a decirlo en voz alta por temor a sufrir represalias, tenemos casos de despidos y suspensiones en el sector. Y, como sucedió en los 90, esto también impacta negativamente en la economía, porque ese desocupado y su familia dejan de consumir, el cóctel explosivo se activa y de ahí a que se disparen aún más los niveles de pobreza, marginalidad, violencia e inseguridad hay un trecho corto.

Pero en lugar de debatir sobre los crecientes niveles de inflación o de desempleo, por mencionar apenas algunos de los acuciantes desafíos de estos tiempos, hay quienes dicen que el problema en la Argentina son los salarios de los trabajadores o las cargas patronales. Ahora, resulta que tanto a los empleados como a los dueños de las empresas los costos que más nos preocupan son otros, como los alimentos o la energía.

El de Macri es un gobierno que tiene una fuerte postura ideológica y un lineamiento económico claro, no tiene dudas de lo que está haciendo y aplica la política que cree que es la mejor para el país. Lo que está quedando en evidencia es que sólo es mejor para unos pocos, porque vamos caminando directamente hacia la destrucción del entramado industrial, que recién empezaba a rearmarse.

El 2017 no será un año auspicioso, porque cuando a los trabajadores se les quita poder de compra vía los alimentos y los servicios, se está reduciendo el poder de compra de otras cosas, como repuestos de autos o electrodomésticos, por mencionar algo de lo que producimos las metalúrgicas. Igualmente, los industriales pymes vamos a seguir apostando por la producción y el trabajo, la defensa de nuestros derechos y de los trabajadores. Para que si sube la luz, no tengamos que bajar la persiana.

* Secretario general de la Cámara de la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica (Camima) y dirigente de Cgera.