Martes 21.11.2017
Actualizado hace 10min.

El futuro de Brasil y del dólar

¿Como impacta la crisis política en Brasil y qué está haciendo el gigante del Mercosur para contener la crisis económica? ¿Podría la Argentina copiar los métodos que utiliza al Banco Central Carioca para administrar el dólar?

 
¿Se viene efecto Caipirinha?
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Por Emmanuel Alvarez Agis *

Brasil es un espejo donde mirarse: un gobierno que llega para implementar un programa de ajuste basado en el discurso de la corrupción que afecta a la obra pública, se termina demostrando como parte del problema antes que de la solución. Sin embargo, allí terminan las similitudes. La razón de la destitución de Dilma no debe buscarse solamente en factores políticos, sino también económicos. En su segundo gobierno, la presidenta decidió avanzar con un ajuste fiscal que hundió a la economía de una recesión. No por casualidad el inicio del ajuste fiscal es, a la vez, el comienzo del ocaso del PT en el poder. En febrero de 2014 Dilma comenzó con el ajuste, anunciando un recorte de 18.500 millones de dólares, equivalente a casi 1 por ciento del PIB (paradójicamente, este guarismo coincide con el ajuste fiscal que Cambiemos logró implementar durante 2016, año en el cual la participación del gasto público en el PIB se redujo en 1 punto porcentual). El resultado de un menor gasto público fue contundente: el PIB pasó de crecer a una tasa promedio de 4,1 por ciento en el período 2010-2013, a 0,5 por ciento en 2014.

Sin embargo, el giro fiscalista del PT no quedó allí. El ajuste del gasto público hundió a la economía en la recesión y, con esto, deterioró más que proporcionalmente la recaudación, empeorando el resultado fiscal. El gobierno del PT ingresó en la espiral descendente de ajuste, recesión, baja de la recaudación, alto déficit fiscal y vuelta a empezar. En mayo de 2015 se implementó un nuevo recorte de 23.300 millones de dólares, pasando de 0,8 por ciento del PIB de 2014 a un ajuste de 1,3 por ciento en 2015 ¿El resultado? Brasil entraría definitivamente en la recesión, con una caída de 3,8 por ciento. El camino del ajuste-recesivo llegaría a su máxima expresión con la asunción de Temer y su éxito al aprobar una enmienda constitucional que le permitió congelar el gasto público por 20 años y que ya comenzó a mostrar su resultado: el PIB cayó por segundo año consecutivo en 2016, contrayéndose 3,6 por ciento y transformándose en la peor recesión en la historia de Brasil.

Así, el éxito del PT en el poder, el crecimiento igualitario con inflación bajo control, se habría transformado en otro experimento “populista” fracasado. Para que quede claro: lo que falló no fue el mal llamado “populismo”; lo que hundió a la economía de Brasil en la peor recesión de su historia fue el tradicional programa económico avalado por el FMI y los organismos multilaterales de crédito. La profundización del plan Temer, interrumpida por el resiente estallido, solo agravaría esta situación. El nuevo “gobierno” impulsaba hasta hace unas semanas una precarización laboral que apuntaba a una rebaja del costo laboral, otorgaba fuerza de ley de los convenios celebrados entre trabajadores y empresas y eliminaba la contribución obligatoria para los sindicatos. Al mismo tiempo, el parlamento debatía una reforma jubilatoria que endurecía las condiciones para obtener ese beneficio.

Mientas que las presidenciales de Brasil parecen cada vez más cerca, en Argentina vuelven los “efectos” que fueron tristemente célebres durante la convertibilidad: efecto-tequila (1995), efecto-Asia (1997) y efecto-Caipirinha (1999-2000 y, al parecer, 2017). El riesgo para Argentina de la crisis de Brasil proviene básicamente del canal real y del canal de financiamiento. Un menor crecimiento por parte de Brasil pospondría el segundo-segundo-semestre de Cambiemos. Por otro lado, las posibilidades de financiamiento externo podrían endurecerse no solo para Brasil, sino para la región en su conjunto, lo cual complicaría el actual programa financiero.

Pero, por suerte, no todo son malas noticias para Argentina. Ante las presiones devaluatorias, la autoridad monetaria ha reaccionado fuertemente mediante una activa intervención, evitando que el aumento del dólar acelere la inflación y profundice la recesión. En concreto, el banco central vendió contratos de dólar-futuro por un total de 6.400 millones en nada más que tres días de intervención. Claro que estamos hablando del Banco Central… de Brasil. Si nuestra autoridad monetaria quiere evitar que la crisis de Brasil se contagie a la Argentina por medio de una devaluación, que no haría más que repetir la recesiva e inflacionaria experiencia de 2016, no tiene más que intervenir en el mercado tal y como lo hace cualquier autoridad monetaria del mundo: vendiendo dólar-futuro. Tal vez la crisis de Brasil y la utilización del dólar-futuro por parte de un banco central dirigido por un ex asesor del FMI sirva para que finalmente algunos actores locales reflexionen sobre el tema del dólar-futuro, que tanta discusión ha suscitado en nuestro país.

* Ex viceministro de Economía de la Nación.