Martes 27.06.2017
Actualizado hace 10min.

JBS: El Lehman Brothers de la carne, el hijo no reconocido del neoliberalismo

Es obscena la estafa que ha llevado adelante el frigorífico brasilero JBS para crecer a ritmos inconcebibles por toda américa y el mundo. Es la empresa más corrupta del sector de la carne sin embargo ni Presidentes ni políticos se quieren hacer cargo de un hijo al que ellos dieron a luz y que podría arrastrarlos a un abismo ético que pondría fin a sus carreras.

 
Joesley Batista, dueño del frigorífico JBS y quien grabó al presidente Temer.
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Con un sutil sentido de la oportunidad, JBS llegó a la Argentina en 2005. Aquel año, las plantas frigoríficas de calidad mundial daban un triste espectáculo. Estaban casi paralizadas. La industria sufría otra de sus crisis. José Batista Sobrinho, cuyas iniciales dieron el nombre al grupo que arrancó en 1953 en Anápolis, en el estado de Goias en el centro oeste de Brasil, venía para algo grande. JBS había arrancado con una pequeña planta en la que faenaba cinco animales por día y José Batista junto a su hijo Joesley Mendonça Batista concretaban su primera incursión internacional: desembolsaron US$ 125 millones y se quedaron con Swift.

Pronto fueron sumando más plantas y nuevas marcas en una especie de desfile con una billetera tan generosa que llamaba la atención. A muchas fábricas las cerraban al poco tiempo, porque lo que compraban no era una habilidad industrial, sino una posición de mercado. Pagaron precios exorbitantes. Cuando se remató por ejemplo la quiebra de Cepa-Pontevedra, José y Joesley estuvieron en esa puja, ofertaban de a un millón de dólares, dejando fuera de carrera a poderosos locales como Gabriel Romero, el dueño de la Hidrovía. Abonaron US$ 26 millones. Otro precio que pagaron por encima de los valores de mercado fue los US$ 14 millones por Consignaciones Rurales en Quilmes. Los empresarios nacionales fueron corridos a billetazos.

Argentina era el paso necesario para captar una imagen distinta, un sello de calidad para el premio mayor, las plantas en EE.UU. Allá aterrizaron en 2007 con la adquisición de Swift Estados Unidos. De ese modo, JBS pasó a poseer la marca Swift a nivel global.

Cuando dieron los primeros pasos en Goias, como se trataba de un estado que no estaba integrado al sistema impositivo de Brasil, se apalancaron en esas diferencias de impuestos para acumular capital. Todo legal. Con la llegada de Lula a la presidencia de Brasil y el impulso al desarrollo de una burguesía internacional, tomaron un vuelo inusual. Lula los ayudó en su tour de compras con créditos blandos del BNDS ( banco de desarrollo brasileño), “con una dinámica tan acelerada que los llevó al descontrol”, dice el ex presidente del Senasa, Bernardo Cané.

Después de la Argentina, Uruguay y Paraguay donde actualmente reinan con 72% del negocio, fueron pequeñas escalas hacia Australia. Allá son líderes a la par de empresas japoneses y chinas.

Un capítulo aparte es Italia. Fueron por la principal empresa italiana de carnes, Inalca de la familia Cremonini, líder de la península. Inalca es quien ayuda a McDonald’s a desarrollarse en Italia cuando le vende su cadena de fast food en las autopistas y luego se convierte en su exclusivo proveedor. JBS pagó por Inalca cerca de 300 millones de dólares.

Así las cosas, JBS tiene presencia en más de 100 países y 125.000 empleados. Cuenta en su cartera de activos con marcas como Cabaña Las Lilas, Friboi, Maturatta, Pilgrim’s, Gold Kist Farms, Pierce y 1855, y participa del procesado de carnes bovina, porcina, ovina y de pollo y en la industrialización de cueros. Además, comercializa productos de higiene y limpieza, colágeno, embalajes metálicos, y biodiesel, entre tantos otros.

Es curioso: se trata de la misma empresa que reconoció que sobornó a 1.800 políticos y que abrió cuentas millonarias en dólares para las campañas electorales. No hubo en la historia reciente algo parecido. Es que después de esas explosivas declaraciones, el denunciante se tomó un avión. Así hizo Joesley Mendonça Batista, el presidente de JBS. El grupo cotiza en Bolsa y al estar radicado también en EE.UU. puede considerarse una empresa norteamericana. “¿Cuánto falta para que intervenga un fiscal estadounidense?”, pregunta Cané.

Fuente: Clarín