Miércoles 22.11.2017
Actualizado hace 10min.

Eduardo Costantini alerta por la economía "La situación es mucho más complicada que lo que creemos los argentinos"

El economista, inversionista, desarrollador inmobiliario, pero principalmente filántropo, dio su visión a Infobae de por qué la situación económico-social no se puede arreglar de un día para otro. Habló de atraso cambiario y de incongruencia entre las metas monetarias y fiscales.

 
“EL Gobierno no acepta que el tipo de cambio está atrasado” (Martín Rosenzveig)
COMPARTÍ ESTA NOTA

Eduardo Costantini es un experimentado y exitoso hombre de negocios que se inició en el mundo de las finanzas luego de haber estudiado economía; y muy conocido por la innovación en el mundo de los desarrolladores inmobiliarios, con la creación de Nordelta, entre otros grandes emprendimientos. Pero también es un filántropo, desde que en los años 70 comenzara con las primeras compras de obras de artes, hasta que en 1998 se decidió a destinar un predio en un lugar exquisito de Buenos Aires no sólo para exponerlas, sino también para dar lugar a la llegada de los nuevos artistas locales y regionales. Tres años después, en 2001, se inauguraba su Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

De ahí que por tratarse de una persona muy involucrada con la economía doméstica generando inversiones y empleos, pero también con los grandes inversores internacionales y el mundo de la cultura, su visión de la situación actual y perspectiva contribuye a dar luz sobre cómo está la Argentina hoy y qué cabe esperar, en un ameno diálogo con Infobae.

-¿Cómo ve la coyuntura, tanto como economista como como empresario? Cada vez son más los que alertan al Gobierno sobre la incongruencia de las políticas duras en materia monetaria, y cierta blandura en la fiscal, para atacar un elevado déficit de arrastre, pese a sus efectos negativos sobre la apreciación cambiaria que provoca el financiamiento del desequilibrio de las finanzas públicas con deuda externa.

-Creo que lo que ha ocurrido es que la Argentina tenía el diagnóstico equivocado, o por lo menos decía una cosa que no era. Nuestra economía era y sigue siendo una situación de desequilibrio, y que la administración anterior había dejado en un estado que era como una bomba. Es decir, dejó al país en un estado como un paciente que exigía intervenir. Lo que ocurre es que durante la campaña los candidatos se encargaron de comunicar que no iba a haber ni ajuste ni merma de actividad, porque la población o no conocía, o no estaba explicitado los problemas que claramente teníamos. Por tanto, ¡es casi al revés! Independientemente de quien gobierne, si se toma objetivamente la situación económica y se piensa en que se podrá poder encauzarla sin algún costo económico en términos de actividad, sin duda, además, concomitante con el costo social, es irreal. Teníamos exceso de inflación; insuficiencia de reservas en el Banco Central; atraso cambiario; precios relativos desarticulados; y un elevado déficit fiscal. Toda esa situación sigue estando, aunque parcialmente. Articularla, es decir llevarla a un punto de sostenibilidad, es un proceso relativamente traumático, eso una realidad, porque los procesos económicos llevan su tiempo.

-¿Entonces cree que el Gobierno está haciendo las cosas bien, pero los resultados demorarán en manifestarse?

-No, no. No estoy juzgando todavía el nivel de eficacia de este programa económico, lo que quiero decir es que había desequilibrios y que no se podrían maximizar todos los objetivos unitariamente. No se puede pasar a no tener inflación, a no tener déficit fiscal, aumentar los precios relativos de todas las tarifas públicas; y no sufrir costos en términos de actividad, desempleo…

 “No se puede pasar a no tener inflación, a no tener déficit fiscal, aumentar los precios relativos de todas las tarifas públicas; y no sufrir costos en términos de actividad, desempleo…”

– ¿Usted cree que el Gobierno no vio ese cuadro cuando el anterior ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, se apresuró a hablar de la llegada de los "brotes verdes" en el segundo semestre de gestión?

-Creo que ahí sí el Gobierno pecó de optimista, porque a mi juicio creyó que por el cambio de apertura al resto del mundo; de reconocer la deuda; salir del default; de ser amigable con el mundo occidental y con la ideología centro-liberal, o como se le quiera llamar, iba a producir un cambio de expectativas para mejor de tal naturaleza que el ingreso de capitales y el aumento de la inversión producirían un contrapeso suficiente para compensar la debilidad ocasionada por el aumento de tarifas, o reducción del gasto público. Eso claramente no se dio. Lo que hay en la economía en este período es, sin duda, una percepción de menor riesgo en la economía argentina; un ingreso significativo de capitales financieros; un financiamiento fluido del déficit fiscal; una baja de las tasas de interés; pero un efecto en el bolsillo de las familias negativo por el aumento que ha habido sobre todo de las tarifas públicas, y también de la misma inflación producto de la devaluación y de este ajuste de precios relativos.

 

-El Gobierno había logrado bajar sostenidamente la tasa de inflación, luego de un repunte inicial derivado de la unificación cambiaria, la eliminación de la mayor parte de las retenciones y el comienzo del ciclo de suba de las tarifas, pero con el inicio del nuevo año ese proceso no sólo se interrumpió, sino que se volvió a acelerar hasta abril. Ahora parece que vuelve a retomar la senda bajista. ¿A qué atribuye esos movimientos, a la persistencia de aún de elevados desequilibrios o a un proceso natural?

-Supongo que esos movimientos responden a la dinámica de las paritarias; del dinero que recibieron los jubilados; también hubo otro aumento de tarifas, menor, pero hubo ajustes, determinaron esa dinámica inflacionaria. De todas maneras, la suba de precios al consumo se muestra descendente, aunque probablemente no se cumpla la meta inflacionaria del 17% para el cierre del corriente año, pero va a ser ostensiblemente menor que la del año pasado, que fue altísima.

-¿Quiere decir que la inflación está bajando, pero seguirá a menor ritmo que el que se propuso el Banco Central?

-Sí, la inflación está bajando, pero lo hace gradualmente porque el Gobierno ha elegido una política gradual, y aparte sostiene que es impensable una política de shock, no sólo socialmente, sino prácticamente, porque hay una alta rigidez en el gasto público que no se puede bajar de un día para otro.

-Justamente sobre la rigidez del gasto público, como economista, pero también como empresario, porque es una variable que supongo mira a menudo, ¿qué pensó cuando vio que en abril la masa salarial en la administración central creció más de 40%; y del 33% en el cuatrimestre, en comparación con un año atrás? Más que gradualismo, ¿no reflejaría cierta pereza en controlar la expansión del gasto público?

-Me parece que como este es un año electoral, el Gobierno va a hacer el mayor esfuerzo fiscal en 2018. De hecho, el mensaje en la última reunión de Gabinete fue el pedido a cada ministerio de que reduzca el gasto; y que van a cumplir con la reducción del déficit fiscal el año que viene; y que este año van a cumplir con la meta de bajarlo a 4,2% del PBI. La estrategia del Gobierno es el gradualismo, ahora la pregunta del millón es si el gradualismo va a alcanzar o no, porque lo que va produciendo en este caso es un desequilibrio en el mercado cambiario.

-¿Cree que se ha caído en atraso cambiario, al menos respecto de la tasa de inflación?

-Sí, creo que hay un atraso del dólar, porque si bien hay un mercado libre, está muy ofrecido por el propio financiamiento de la Argentina, principalmente por parte del sector público, pero también del privado. Es un modelo en la que hay una oferta de dólares que hace que su precio esté barato. Y también hay un aumento significativo de los gastos de los argentinos en el resto del mundo. En una situación donde el nivel de empleo no es el deseado y también hay insuficiencia de ventas en algunos sectores. Por eso critico el valor del dólar sin pensar en los intereses personales porque creo que aun considerando todas las ineficiencias que tenemos, y el famoso costo argentino, no deberíamos fomentar un aumento del gasto en el exterior por parte del turismo. Nuevamente nos encontramos frente a objetivos contrarios, que es lo que es la economía un "trade off" entre una cosa y la otra, por eso los gobiernos no quieren aceptar una mayor inflación, porque si lo hicieran les produce un mayor costo social y económico. Y hoy se observa, por un lado, un gradualismo en la política fiscal y, por el otro, una política ortodoxa monetarista, con tasas de interés reales positivas, con aspiraciones honestas y genuinas de querer alentar el ahorro, custodiar el valor de la moneda; que es la función del Banco Central. Pero cuando esa situación se da con un exceso de déficit fiscal, y una financiación en el exterior, lo que produce es una caída del tipo de cambio relativo, que junto con la percepción de menor riesgo país el tipo de cambio queda planchado y se empieza a generar una bicicleta financiera. Yo no estoy de acuerdo ni con la bicicleta financiera, ni con el exceso de gasto en el exterior de los argentinos, dada la salud débil de la economía argentina y del empleo, pobreza.

 “No estoy de acuerdo ni con la bicicleta financiera, ni con el exceso de gasto en el exterior de los argentinos”

-¿Cuál sería la solución a esa incongruencia entre el gradualismo fiscal y la dureza monetaria?

-Habría que resignar parcialmente el objetivo de inflación. Porque si se acompaña con la política cambiaria comprando dólares y monetizando parte del déficit fiscal, como hacía el gobierno anterior, produce ese efecto.

-Miguel Ángel Broda y otros destacados economistas como Ricardo Arriazu, Carlos Melconian y Daniel Artana, también piensan eso, porque argumentan que no se puede estar prendiendo al mismo tiempo el aire acondicionado en frío y la calefacción, alguno hay que apagar. ¿Si se resignara la política monetaria no podría contribuir a que los desequilibrios que aún no se corrigieron se profundicen?

-Es que el problema está en el origen, que es complejo y hay un tema que es que la sociedad argentina está acostumbrada al populismo, a no sufrir; y sin duda a rechazar y no votar, sobre todo, a un gobierno no peronista, si aplica una receta más ortodoxa. Eso se llama en términos populares un ajuste neoliberal, y por tanto se vuelve al populismo. De ahí que las autoridades actuales dicen "teniendo en cuenta la realidad política, y al no tener mayorías legislativa, voy a acomodarme al deseo de la voluntad de los argentinos y voy aplicar una política gradualista, con la esperanza de que el ingreso de capitales y la inversión mejoren la tasa de crecimiento y licúen, a través del aumento de los ingresos el déficit fiscal, y de lugar a un círculo virtuoso que permitirá reducir el ritmo de endeudamiento externo, y entonces el atraso cambiario sea menor. De ahí que el punto clave es si se puede cruzar el puente o no, es decir si llega al otro lado. Esto es pasar a crecer de modo sostenido a un 3% por año, aún con la actual paridad cambiaria, que el Gobierno no acepta como atrasada. Las expectativas es que este año haya crecimiento, pero no al ritmo que se prevé en el Presupuesto.

 “La sociedad argentina está acostumbrada al populismo; a no sufrir; y sin duda a rechazar y no votar, sobre todo, a un gobierno no peronista, si aplica una receta más ortodoxa. Eso se llama en términos populares un ajuste neoliberal”

-Se espera que en el curso del corriente mes la Argentina deje de ser considerada por los mercados financieros internacionales como un país fronterizo y vuelva a la categoría de emergente, ¿cómo lo ve, volveremos a correr el riesgo de que se generen expectativas exageradamente optimistas, o realmente le podrá dar oxígeno financiero importante al Gobierno?

-Me parece que fomentará más ingresos financieros que inversión primaria productiva. Aunque por supuesto, si bien será mejor, de ahí no va a salir la solución de la Argentina, ni mucho menos. Habrá más inversiones especulativas que contribuirán a que suba la Bolsa en corto plazo, que en la última semana estuvo en baja.

-¿Le inquieta algo de este momento de la situación económica?

–Lo que más me inquieta es que la sociedad no tenga la madurez suficiente para entender la situación de la Argentina, y que no tenga más paciencia; que el Gobierno pueda corregir lo que hay que corregir; que haya consensos políticos. En un comienzo hubo más acuerdos interpartidarios que permitieron que el Congreso aprobara muchas leyes importantes. Hay que volver a ese país. Ahora estamos parados por las elecciones, todo el mundo se siente presidente, que revela una falta de madurez política, porque el político muestra demasiadas ansias de poder, cuando los problemas están subyacentes.

Fuente: Infobae