Martes 27.06.2017
Actualizado hace 10min.

Los números fríos de la economía

Cómo se esta desempeñando la actividad económica en el primer trimestre del.2017, las importaciones, el sector de la construcción y de la industria.

 
Santiago Fraschina economista de EPPA
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Por Santiago Fraschina*

El Indec dio a conocer recientemente los datos del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), un indicador que anticipa la evolución del desempeño global de la economía. Decir “global” no es un formalismo, ya que los números agrupados simplifican realidades particulares, asimetrías dentro de las variables medidas y efectos estadísticos cuyo correlato con buena parte de la población tiene un grado de separación mayúsculo. El EMAE registró un resultado interanual de 0,8 por ciento de suba, la cual se reduce a un magro 0,1 por ciento cuando se computa todo el primer trimestre de 2017 en comparación a igual período del año pasado. Este crecimiento pírrico –virtual estancamiento– es festejado por funcionarios y vitoreado por analistas oficialista como una muestra indefectible del arranque de la economía, la proliferación de los “brotes verdes” y la demostración de que un año y medio de austeridad y privaciones fueron suficientes para poner en marcha la economía.

Lejos de la emoción sesgada de Cambiemos, los mismos números oficiales exponen un panorama aún sombrío. Pongamos algunos ejemplos:

  • La producción industrial consolida 2,4 puntos de deterioro en el primer cuatrimestre del año, con su capacidad instalada aun decreciendo 0,3 puntos porcentuales respecto a 2016. Después de catorce meses de sendas caídas, todos los bloques que componen el índice se siguen mostrando a la baja (con la excepción de automotriz, que está estancado) y preocupa especialmente la situación de la industria textil, que se sigue desplomando al 20 por ciento interanual cuando se estima que ya cerraron más de 500 establecimientos pyme.
  • La construcción, por su parte, empezó a mostrar subas interanuales después de un año de caída. Ahora bien, con un 2016 tan malo como base de comparación, es lógico que se experimente un tenue rebote estadístico. Sobre todo, apuntalado por obra pública “de ripio y arena” en un año electoral. No obstante, la construcción sigue en niveles menores a los del último año de kirchnerismo: si bien el Indec discontinuó la serie, los más de 15.000 puestos de trabajo que se destruyeron en el sector transparentan que difícilmente se esté construyendo más que hace dos años atrás.
  • Las importaciones crecen al 9,1 por ciento en el primer cuatrimestre a nivel general, pero arriba del 25 por ciento en sectores sensibles como textiles, juguetes, muebles y electrónicos. Al saldo comercial positivo lo dilapidaron, lo cual expone a nuestro país a una alta vulnerabilidad por el escenario de déficit gemelos (comercial y fiscal).
  • Peor aún son los números del relevamiento de expectativas de mercado del BCRA, que mide una expectativa de inflación en el orden del 22,5 por ciento para los próximos doce meses, cuando la pauta de oficial para las paritarias es del 18 por ciento. Tristemente son los sindicatos de menor volumen los que pueden romper el techo de cristal; a los gremios de sectores más vulnerables, como los docentes (19 por ciento), empleados de comercio (20), estatales nacionales (20 por ciento), y la intentona para que el aumento anual del salario mínimo no supere el 20 por ciento.

Celebrar el crecimiento en la producción primaria de los grandes complejos agroexportadores o elogiar la mayor penetración que está alcanzando el mercado financiero, parece una victoria para muy pocos. Y en esto se juega el núcleo de la cuestión para todos los que creemos que las decisiones económicas y sus resultados no pueden ser interpretados sin una mirada social que las contextualice. Entonces, el parámetro para evaluar el fracaso de este modelo para pocos es que no deja de batir records de nuevos pobres (un millón y medio, según la UCA, desde la asunción de Macri), que las familias no llegan a fin de mes por una caída del poder adquisitivo superior al 10 por ciento en un año y medio, o que el desempleo joven ya supera el 24 por ciento (contra el 16 por ciento promedio regional, según la consultora Adecco). No es relevante siquiera discutir los tecnicismos de un eventual crecimiento macroeconómico en 2017, si de esto no se desprende una mejora en la distribución del ingreso y el bienestar social. Sin orientar las políticas públicas a las mayorías populares, sólo vamos a estar debatiendo sobre los fríos números de los economistas.

* Director de la carrera de Economía de la Universidad Nacional de Avellaneda e integrante de EPPA