Miércoles 18.10.2017
Actualizado hace 10min.

Navegar la globalización

Panorama semanal por Alejandro Bercovich. Esta semana la era de la vendetta, Macri asusta a mafiosos (ajenos) con pasajes para su "cohete a la luna"

 
Congreso de la cámara argentina de construcción
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Mauricio Macri y Marcos Peña exigen a su tropa que se muestre mesurada en público pero no disimulan su euforia ante la multitud de empresarios que pugna por hincarse ante ellos antes que el resto. Las encuestas que acercan al primer piso de la Rosada consultoras como Isonomía o Poliarquía o el ahora blanqueado Jaime Durán Barba alimentan lo uno y lo otro. Por un lado empujan al mundo de los negocios a actuar como si el Presidente ya tuviera garantizado un segundo mandato. Por otro, animan a la cúpula del Gobierno a apurar una limpieza étnica dirigencial que le garantice ya no una gobernabilidad aceptable sino un camino asfaltado hacia la reelección. Es la misma espiral de expectativas que disparó la seguidilla alcista más larga de la historia del Merval y desactivó a la vez todo amague de protesta de la CGT para después de las elecciones. La misma certeza triunfalista que también empieza a disciplinar a los díscolos entre los propios, como Ángel Rozas y Emilio Monzó.

Para quienes osen enfrentar su decisión de ir por todo, Macri tiene reservada una pila de pasajes en el "cohete a la luna" donde fantasea con embarcar a una lista de conspicuos miembros de la élite a quienes ya acusó al menos dos veces en la intimidad de su despacho de "creer que tienen derecho a un pedazo del país". Los periodistas que se lo oyeron decir off the record detallaron que la lista negra presidencial incluye empresarios, jueces, gremialistas, políticos y también hombres de prensa. Esto último pese a que el jefe de Gabinete anunció el "fin de la guerra contra el periodismo" apenas asumió. Aquel alto el fuego no parece regir para un columnista de Página/12, Horacio Verbitsky, a quien Macri define en privado como "la peor lacra que existe" por haber revelado que sus familiares y socios ingresaron al blanqueo de capitales más exitoso de la historia.

Armando Losón no teme que el Presidente vaya a embarcarlo en ese cohete. El jefe del grupo Albanesi, que ganó junto a Nicky Caputo la reciente megalicitación de generación eléctrica que le garantiza un jugoso subsidio estatal durante los próximos 15 años, se ocupó de publicar una solicitada a favor del Gobierno antes de las PASO, cuando el fantasma de Cristina Kirchner todavía atormentaba a los estrategas cambiemitas. Así consiguió dejar atrás las sospechas que levantaba el crecimiento exponencial que tuvo su empresa al abrigo de Julio De Vido, de cuya mano desembarcó en el mercado eléctrico en 2004.

Losón comercializa hoy el 10% del gas del país y ganó tanta plata con De Vido que hasta se compró una bodega, como Eduardo Eurnekian. Que el juez Daniel Rafecas haya allanado sus oficinas a fines de mayo por los contratos que celebró con Odebrecht para ampliar gasoductos entre 2006 y 2008 no lo convierte en uno de los mafiosos a quienes Macri quisiera enviar al espacio exterior. Lejos de ello, la popular María Eugenia Vidal y Juanjo Aranguren se fotografiaron anteayer con él en la inauguración de otra central térmica que levantó en Ezeiza. También salió en la foto el intendente Alejandro Granados, encargado durante los últimos dos años de la gobernación de Daniel Scioli de la policía que Vidal dice haber hallado infestada de corrupción. Granados tampoco figura en esa lista de pasajeros imaginaria. El juez Rafecas sí. Por no haber encarcelado kirchneristas al ritmo que habría querido Macri.

Aldo Roggio tampoco tiene miedo de embarcar en la Apolo macrista. Ayer se sentó en la mesa principal que montó la Cámara de la Construcción en el Sheraton y se fundió en un abrazo con el heredero del clan con el cual su padre solía disputar la recolección de la basura porteña en los ochenta, ahora encaramado en la cúspide del poder. Que haya sido llamado a indagatoria por el juez Sebastián Casanello menos de un mes atrás por las coimas que declaró haber pagado Odebrecht para hacerse de contratos millonarios con AySA en la época de Carlos Ben tampoco le valió un pasaje para el cohete. Y eso que los lugares no son pocos: 582 según La Nación y 562 según Clarín.

De joda


"Es incómodo estar ahí, eso es cierto", admitió ayer  uno de los lobistas de Roggio que había entre los 1.300 contratistas que colmaron el Sheraton. Pero la citación a indagatoria de Casanello, otro de los jueces con pasaje para el cohete, no inquieta demasiado a los viejos rivales del clan Macri. De la mano de obras como el nuevo viaducto del tren Mitre, la constructora volvió a ser la vedette del grupo relegando a otras áreas de negocios, como Metrovías. "Acá están cambiando las cosas", susurró el lobista. "Hacía mucho que no perdíamos licitaciones millonarias por diferencias de 100 mil pesos y hacía mucho que no había tanta competencia", añadió. Una rendición incondicional con ribetes de autoincriminación. Lo que Roberto Lavagna definió entre esas mismas paredes como "capitalismo de amigos".

Bajo una pantalla gigante con el auspicio de Decavial, la empresa de Carlos Wagner a la cual la fiscal general Gabriela Boquín ordenó investigar esta semana junto a Electroingeniería por el concurso presuntamente fraudulento de la firma que compartieron durante el kirchnerismo (Vial 3 SA), la zarina anticorrupción Laura Alonso exculpó ayer laudatoria a toda la patria contratista. "Hay un señor que está preso y que esperamos que pronto esté condenado porque ha contaminado con su presencia a un sector como el suyo, que genera trabajo", opinó, en alusión al exsecretario de Obras Públicas, José López. Nadie esperaba tanto. Tronó un aplauso cerrado, como los que los mismos ejecutivos dedicaban apenas dos años atrás a De Vido o al propio López.

"Necesitamos que ustedes denuncien. Necesitamos saber sobre los jueces, sindicalistas, funcionarios y también empresarios que hagan algo indebido", insistió Alonso. El tenista David Nalbandian, socio de Albanesi y dueño de la pequeña Dajor S.A., no parecía muy interesado en su discurso. Hojeaba distraído una revista especializada hasta que se levantó y volvió al lobby, donde lo atosigaron con pedidos de selfies. Solo levantó la vista para sonreír cuando la jefa de la Oficina Anticorrupción citó llena de admiración una vieja frase del Macri recién asumido: "Acá se acabó la joda".

Palabras mágicas


Gerardo Martínez, el secretario general de la UOCRA, también se ganó una ovación de los contratistas y un lugar entre los sindicalistas que Macri salvaría del cohete, junto a los testaferros del "Momo" Venegas que viene denunciando la hija del extinto jefe de la UATRE y las 62 Organizaciones. Fue cuando felicitó al juez Armella por haber encarcelado a su archirrival platense, el "Pata" Medina, acusado de extorsionar a empresarios para que contrataran a proveedores de viandas propiedad de su mujer e hijos.

Un rato antes, el mismo Martínez había tocado música para los oídos de Jorge Triaca, con quien compartió un amistoso panel de debate. "El movimiento sindical tiene que modernizarse. Hace falta un sindicalismo inteligente, que entienda que hay oficios que van a desaparecer por la tecnología. Hay que salir a navegar la globalización", concedió. ¿Serán las palabras mágicas que Peña y Triaca esperan que pronuncien todos los gremialistas que quieran evitar el viaje lunar cuando se empiece a discutir en serio la reforma laboral?

A esa misma hora, Daniel Angelici tomaba café con dos amigos en un café a cinco cuadras de la cueva que tenía hasta hace poco la barrabrava de Boca en plena City. El presidente de Boca y socio fundador del PRO jamás sería señalado por Macri como uno de los mafiosos "que se creen dueños del país", como sí lo son a su juicio otros emprendedores de los juegos de azar diversificados de la mano del kirchnerismo. Anfitrión del partido de anoche de la Selección contra Perú, Angelici negó por la tarde haberle regalado entradas a La Doce para que revendiera a cambio de que le pusiera "color" a la Bombonera. "Voy a demandar a Tiempo Argentino por la nota que publicaron", amenazó. Otro al que no le avisaron del fin de la guerra.

Macri no inventó el látigo ni la zanahoria, pero parece dispuesto a usar los dos como nunca. Lo hará con holgura mientras siga abierta la canilla del crédito externo y no se vea forzado a ajustes que crispen la calle y que puedan desbordar sus diques de contención. Aunque el alineamiento incondicional que imponen aquí las encuestas no llega hasta Wall Street, los prestamistas parecen ciegos ante los riesgos que sus asesores les advierten cada vez con mayor frecuencia. Bloomberg puede publicar que Argentina es el campeón del endeudamiento emergente del último bienio (por encima de China) y Moody´s puede advertir que las provincias se pasaron de rosca al duplicar su exposición a la deuda en dólares en solo dos años, pero ellos siguen tentados con la tasa que paga Argentina, el doble que la de Bolivia.

Quien palpa cotidianamente ese apetito de la Gran Manzana por seguir prestándole al "Toto" Caputo es el politólogo porteño Daniel Kerner, instalado desde hace años en la apacible Washington DC y consultor jefe regional del Eurasia Group, uno de los think tanks más cotizados de Wall Street. Cuando les habla a los banqueros sobre el déficit récord que mantiene el fisco, les muestra las sumas récord que pidió prestadas el país o repasa con ellos la larga historia de defaults criollos, le responden siempre con una sonrisa condescendiente y la misma pregunta. "¿Qué otro país paga esas tasas en el mundo? ¿Solamente Venezuela, no?".

Fuente:DiarioBae