Miércoles 13.12.2017
Actualizado hace 10min.

Un Peronista en el Potomac

El diario The Economist busca ridiculizar a Donald Trump y lo caracteriza con ojos latinoamericanos

 
Trump genera adhesiones y rechazos por igual pero acusarlo de peronista es ridículo
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Un presidente llega al poder agitando una ola de agravios y resentimiento, afirma representar al "pueblo" contra los explotadores internos y los peligros externos y se arroga la tarea de "refundar" la nación y condenar a los que lo precedieron. Gobierna a través de la confrontación y la polarización, su lenguaje es agresivo y los opositores son tildados de enemigos o traidores. Utiliza los medios de comunicación para cimentar su conexión con las masas al mismo tiempo que intenta frenar al periodismo crítico y desprecia los desaires al poder ejecutivo. Sus acciones y sus políticas se enfocan en logar beneficios a corto plazo para su base de apoyo, subordinando el costo a largo plazo a la estabilidad económica del país.
 
¿Estamos hablando de Donald Trump? Sí, pero los rasgos antes descriptos provienen directamente del manual del nacionalismo populista latinoamericano, una tradición que se extiende desde la Argentina de Juan Perón hasta la Venezuela de Hugo Chávez y mucho más. Es cierto que Trump es un capitalista multimillonario mientras que Chávez era un oficial del ejército y anticapitalista. Pero el populismo no es sinónimo de izquierda: algunos conservadores como Alberto Fujimori, del Perú, también utilizaron sus técnicas. La política de la post-verdad y  de los "hechos alternativos" ha sido profusamente desplegada en América Latina, desde la utilización de periódicos sensacionalistas para difamar a los opositores por parte de Fujimori, como los golpes imaginarios de Chávez o las falsas estadísticas de inflación de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina.
 
Por ello es que muchos demócratas liberales latinoamericanos, contemplando las primeras semanas de Trump en la Casa Blanca, dicen que ya vieron esa película y saben que generalmente termina mal. Por contraste, algunos de esos mismos populistas del continente reconocen a Trump como un alma gemela. El mismísimo Nicolás Maduro, sucesor dictatorial de Chávez, habló de una "campaña de odio" contra Trump, si bien eso sucedió antes de que Estados Unidos incluyera esta semana al vicepresidente venezolano en la lista negra de los capos de la droga, una acusación que Maduro calificó de "infundada".  O bien Guillermo Moreno, el ex funcionario designado por la Sra. Fernández para elaborar las estadísticas de Argentina, que reconoció ver a "un peronista" en Trump, a " alguien que está tratando de hacer lo que hicimos"
 
Pero lo que los latinoamericanos deben enfrentar no se limita solo a los ataques del Sr. Trump a la economía y la dignidad nacional de México, con sus amenazas de romper el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o de construir un muro fronterizo.  El verdadero problema para la región es lo que Trump representa en la batalla de las ideas políticas. Existe el riesgo cierto de que su figura pudiera volver a legitimar el nacionalismo populista en el momento justo en que comenzaba a retroceder al sur de la frontera. Esto es particularmente cierto para el caso de México, en donde Andrés Manuel López Obrador, que encabeza las encuestas de opinión para las elecciones presidenciales de 2018, ahora habla en sus discursos de "la Patria primero". Incluso Chile podría no ser inmune al peligro. En ese país, Alejandro Guillier, un ex presentador de televisión que se jacta de tener un vínculo especial con "el pueblo", tiene ciertas posibilidades para las elecciones de noviembre.
 
El Presidente Trump colabora con hacerle la vida más difícil a quienes en América Latina siempre han sostenido, frente al nacionalismo y al antiamericanismo instintivos de la región, que la cooperación con los Estados Unidos y un orden mundial liberal es la mejor opción para sus intereses de largo plazo. "Nosotros hasta ahora podíamos enarbolar la bandera del libre comercio, los mercados libres y la estabilidad macroeconómica en gran medida porque los Estados Unidos creían en ello, tanto los demócratas como los republicanos" afirma Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. "Ahora existen fuerzas proteccionistas en el mundo, y eso indudablente repercute en la región".
 
Una respuesta a este problema para América Latina sería buscar otros socios y  aunque el interés por tender lazos más profundos con Europa (tanto con la Unión Europea como con la Gran Bretaña del Brexit) está resurgiendo, China es la principal esperanza. El gigante asiático es ya  un gran socio comercial y está invirtiendo en infraestructura en la región. Pero América Latina exporta materias primas a China e importa sus manufacturas baratas, lo contribuye menos a su desarrollo económico que el comercio más diversificado con los Estados Unidos, según una investigación del Banco Mundial.
 
La mejor respuesta al problema de Trump sería que los liberales latinoamericanos sostuvieran la fuerza de sus convicciones. Deben mantener sus economías abiertas y realizar algunas tareas que han descuidado, como ser la construcción de mayor infraestructura y el impulso de una mayor integración regional, temas estos que los populistas contaminaron convirtiéndolos en una bandera política antes que en una realidad para el mundo de los negocios.
 
La experiencia latinoamericana nos enseña que a menudo se subestima fácilmente a los populistas y que pueden mantenerse en el poder durante mucho tiempo. Pero no para siempre. Los regímenes populistas son, a menudo, corruptos y derrochadores y generalmente no logran mejorar la vida de las personas. Cualquiera que sea el modelo de la Casa Blanca, la historia de América Latina nos muestra que el nacionalismo populista es una receta segura para la decadencia nacional. Este es el mensaje que los liberales deben seguir sosteniendo.
 
Fuente: The Economist / Traducción Benjamin Otarola